La emoción incesante

Da envidia pensar en los primeros lectores de Wilikie Collins, que en la Inglaterra del siglo 19 debieron esperar con auténtica fruición cada nueva sorpresa de las novelas que iba publicando por entregas. Estricto en el cumplimiento de su deber profesional, Collins sabía que nada había tan importante como sostener y excitar constantemente el interés de sus seguidores, y en razón de ese deber llegó a convertirse en un inimitable virtuoso de la trama, en historias complejísimas pero jamás confusas, dilatadísimas pero nunca tediosas, y que, por si fuera poco, funcionaban como fondo de lo que Miguel Martínez-Lage, su inmejorable traductor al español, llama un «manifiesto desafío del estrecho corsé de la moral victoriana». Es el caso de esta novela, donde menudean el amor y la intriga en la apasionante lucha que los personajes sostienen contra el destino.

Las hojas caídas, de Wilkie Collins. Norma, 2008.

Publicado en el suplemento Primera Fila, en Mural, el viernes 7 de noviembre de 2008.


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